Los protagonistas son unos de los personajes más admirados del antiguo imperio: los gladiadores. El escenario está lejos de Roma, pero el espíritu romano sigue muy vivo. No podía ser otro lugar más que la ciudad de Tarraco, conocida actualmente como Tarragona, donde en pleno siglo XXI los gladius siguen probando la sangre y los gladiadores se juegan su futuro sobre la arena del anfiteatro.

Lucha entre gladiadores en Tarragona
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Dentro del Festival Tarraco Viva, que este año llegó a su edición número 16, uno de los espectáculos más llamativos y sangrientos es la lucha entre gladiadores. El anfiteatro romano de Tarragona, 19 siglos después de su construcción, sigue siendo un escenario de lujo para acoger entre sus muros las luchas de gladiadores y al público gritando por “Vida” o “Muerte”. Pero, ¿cómo entendían hace más de 2.000 años lo que quería el público, que provenía de todas partes y hablaba idiomas diferentes? Pues muy fácil, indicando con la mano lo que querían. En las películas estamos hartos de ver como el emperador decidía el final del bravo luchador con su pulgar, pero la realidad era bien distinta, al igual que muchas otras cosas que hemos conocido a través de las películas y tienen poca base histórica.

Anfiteatro romano de Tarragona con lucha de gladiadores
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Las lucha entre gladiadores era un tema muy serio en la antigua Roma. Era un espectáculo creado para que el público estuviera muchas horas entretenido, y por eso tenían la última palabra en todas las decisiones importantes. Si un luchador caía al suelo o perdía su arma (normalmente una espada corta, la reglamentaria del ejército, llamada gladius), el combate se detenía y el público decidía si merecía continuar luchando o tenía que terminar el combate. Para seguir luchando, agitaban el puño con el pulgar dentro (una representación de enfundar la espada, no merecía morir), o estiraban la mano y apuntaban hacia abajo (representando una espada desenfundada clavándose. El luchador tenía que retirarse o morir, según hubiese luchado).
Todo esto nos lo explica antes del combate el maestro de los gladiadores, que en este caso era del grupo de recreación histórica Ars Dimicandi. A parte de este importante punto, esencial en una buena lucha de gladiadores, también nos presenta a los distintos luchadores, mostrando sus características, y da comienzo a los combates.

Lucha entre gladiadores y sus efectos

El primero es entre gladiadores samnitas, equipados con grandes escudos y bonitas plumas. Durante unos tensos segundos, los hombres se miran fijamente y giran mientras se van acercando poco a poco, midiendo sus fuerzas. En un instante, uno de ellos apoya el gran escudo contra el casco de su contrincante e intenta clavarle la pequeña espada en la espalda (no está afilada para evitar desgracias, pero como dice el maestro, el metal siempre hiere la piel). Éste se da cuenta de la maniobra y hace exactamente lo mismo. Los dos gladiadores se abrazan de una forma poco amorosa mientras intentan clavarse las espadas, hasta que uno de ellos consigue zafarse y desequilibrar al contrario, haciéndole caer a él y a su escudo azul. El combate se para, el maestro comprueba que está bien el luchador derribado y pregunta al público si puede continuar.
Algunos se hacen un lío con la mano, pero la mayoría quiere que continúe el combate. Ahora los luchadores guardan las distancias, lanzando ataques a distancia. Llevan pocos minutos de combate y se siente el cansancio. Las armaduras, auténticas recreaciones fabricadas como en la época romana, pesan lo suyo y cansan más todavía. En un veloz movimiento, el escudo azul vuelve a la arena, y tras él su dueño. Una vez más, en un alarde de democracia, se pregunta al pueblo que hacer. El combate continúa, aunque por un menor margen de puños cerrados.

Salto de gladiador en Tarraco Viva

Lucha entre gladiador reciario (izq) y secutor (der)
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A la tercera va la vencida, y tras unos espectaculares saltos del atacante, el gladiador del escudo azul vuelve a ser derribado y se da por vencido. El público vota una vez más, y esta vez tiene poca suerte el gladiador. Se considera que tiene que morir. Esto era algo poco frecuente, ya que si el número de muertes fuera como en las películas, los romanos se habrían quedado sin gladiadores en menos de un mes. El luchador, en un último acto de honor, similar al de guerreros japoneses, reza unas palabras y se clava la espada en la clavícula, ayudada por un verdugo, hasta llegar al corazón.
A los samnitas le siguen los mirmillones, los tracios (como Espartaco!), los secutores y el reciario, equipado con escasa armadura y empuñando un tridente y una red.

Lucha entre gladiador reciario (der) y secutor (izq)

Las estrellas de la época romana, los gladiadores
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Tras una de hora de combates de gladiadores similares a los de la antigua Roma, termina el espectáculo, felizmente sin ninguna muerte real, aunque si con muchas magulladuras y cortes, ya que los “actores” pelean de verdad y no están simplemente siguiendo una coreografía. Las luchas me recordaron lejanamente al boxeo, por su táctica y velocidad, y son bastante diferentes a lo visto en las películas.
Mucho más reales. Mucho más emocionante. Esto es Tarraco Viva. Aquí los gladiadores nunca dejaron de existir.

Sybarite
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