“Un día mi hija me dijo: ‘no quiero volver con mamá’. Su casa era Sodoma y Gomorra”

“Nunca golpearía a una mujer, sé que un golpe le haría mucho daño”

 

«Ni se te ocurra tocarla, ni se te ocurra tocarla». Estas palabras llenaban la mente de Mario. Mientras su esposa Renata. lo llenaba de golpes. Mario. Corpulento, fuerte, sobrio, pudo aguantar la lluvia de puñetazos de Renata., que volvía borracha y despechada de una noche loca.

Septiembre de 2005. Llevaban tres años casados y 15 juntos. Tres hijos. Fue el principio del fin. El 7 de febrero de 2007. Cuando Mario  iba a buscar a sus hijos al colegio dos sicarios amigos de Renata. Le dieron una paliza en la calle. « ¿Que cómo puede una mujer maltratar a un hombre? Pues porque hay hombres que jamás golpearían a una mujer. O porque ella trae sicarios para que lo hagan, o es el nuevo novio el que le da una paliza al ex. Pero claro que sucede».

La historia de Mario. es dura y larga. De hecho, aún no ha acabado del todo. Mario no tiene miedo a dar la cara, pero preferimos  que no lo haga. Sería fácil con fechas y lugares que alguien reconociera a sus hijos. Ellos también son víctimas.

¿Que cómo puede una mujer maltratar a un hombre? El 28 de septiembre de 2005 la pareja ya no pasaba tanto tiempo junta, se distanciaron. Aquella noche habían ido a un concierto, luego fueron a una discoteca. «Ella bebió y se puso a coquetear con otro. Yo opté por largarme».

Quizás Renata. lo que quería es que su marido peleara por ella. Cuando volvió a casa, tres horas después, sus gritos despertaron a Mario.: «Hijo de la gran puta, me decía. Se me subió encima [él estaba en la cama] y se  rego a puñetazos conmigo. Yo lo único que hice fue sujetarla».

Fue la primera pelea importante, tras la cual intentaron rehacer la convivencia. Fueron a un consejero, pero la cosa no iba bien. En diciembre decidieron separarse en un proceso de mutuo acuerdo. «Resulta que ella llevaba meses hablando con un abogado matrimonialista. Y yo ni lo sabía».

«Le ofrecí, sin necesidad de hacerlo, darle el 50% de todo, pero su abogado la convenció para que pidiera más, el 75%». Ella se quedó con la casa y con los niños. «Sólo le pedí que controlara los gastos que yo le pagaría. Pero se fue de viaje y gastó 20 millones de pesos, y una cuenta grande de celular.

Mario. Optó por retirarle la financiación del celular, de la visa y el carro. En realidad no tenía obligación de pagar todo eso. Era sólo buena voluntad inicial. «Al día siguiente me denunció por malos tratos, por la bronca de aquella noche de septiembre. Pero en el juicio rectificó, se desdijo».

A todo esto Mario. había sido detenido y fichado. «No pasé por prisión porque era evidente que todo aquello era falso. En el juicio Renata. admitió que me denunció porque estaba enfadada, que el abogado le sugirió que lo exagerara todo. El fiscal pidió que se la acusara de falso testimonio, pero el juez no lo hizo».

Pero como pasa en tantas parejas que se caen a pedazos, a pesar de todo, volvieron a vivir juntos. «Ella ha sido la mujer de mi vida. Pasé mucho tiempo enamorado, con esperanzas de recuperarla», dice Mario. ¿Que cómo puede una mujer maltratar a un hombre?

Un día él descubre una factura de un fin de semana en un hotel. Huele a cachos. Discuten. Ella se lanza sobre él y le golpea sin piedad. «Ni se te ocurra tocarla, ni se te ocurra tocarla», piensa mientras recibe la golpiza. Un parte médico evidencia las lesiones en el cuello y en los brazos. Mario resistió. No se defendió.

Era el 10 de mayo de 2006. La paliza aún está pendiente de juicio. El fiscal pide un año de cárcel para Renata. A todo esto habían acordado que él le daría a ella 300 millones de pesos  y que cada uno se iría por su lado. Renata se quedaba con los niños y con una cuota pare ellos de 3.5 millones de pesos.

Mario comienza a rehacer su vida. Inicia una nueva relación. Puede ver a sus hijos los fines de semana. Un día su hija de 11 años suelta la bomba: « ¡No quiero vivir con mamá!, me dijo. Y se me pusieron los pelos de punta cuando me describió que aquella casa era como Sodoma y Gomorra».

Y añade: «Hombres diferentes, salía por la noches, llegaba borracha, la empleada tuvo que llevarse una vez a los niños a su casa porque en la de mis hijos no había gas. Me fui a la Oficina de Bienestar Familiar. Me aconsejaron que los sacara de allí».

Aprovechó que aún no había una sentencia que le otorgara a su ex la custodia. Renata se enfadó mucho y le dijo: «Que te den… en una semana me los has devuelto —relata Mario. —. Pero pasó el tiempo y estábamos bien. Lo que ella no se esperaba es que dejara de pasarle la cuota de  3. 5 millones de pesos.

A partir del momento en que Mario  retiró la cuota le cae una lluvia de denuncias. Pero a los pocos días llega el  juicio y el juez le concede la custodia a él. La ex pasa a ser quien debe pagar una cuota alimentaria para sus hijos: 700 mil pesos  por los tres, que nunca llegó a pagar. Pero a Mario. ya le da igual.

Más problemas. La madre tiene derecho a ver a sus hijos cada semana, pero ellos no quieren verla. Ante la angustia que sienten los pequeños Mario  opta por no llevárselos. Renata no pierde oportunidad: «Íbamos a tres denuncias por semana, pero el juez no me quitó la custodia».

El quinto abogado

En febrero de 2007 «ella veía que las cosas no le salían como esperaba. Y ya iba por el quinto abogado. El 7 de febrero llego al colegio de los niños y veo que está fuera el carro del novio de ella. Me cruzo con Renata y nos insultamos. Entonces salen del carro el novio y otro tipo con pinta de portero de discoteca».

La historia la continúa narrando un vecino del lugar que lo vio todo y lo denunció ante la Policía Local: «He visto a una mujer rubia que llevaba un niño en brazos y estaba detrás de  un carro rojo que estaba cruzado en medio de la vía», refleja el acta  de comparecencia.

«Un hombre [era Mario.] Ha golpeado una de las ventanas del carro: En ese momento he visto como dos hombres lo han aplastado contra el carro empezando a darle puñetazos y patadas por todo el cuerpo. Ha caído al suelo y allí han seguido ensañándose con él a patadas».

El testigo, temiendo por la vida del agredido, se puso entonces a pedir ayuda a gritos. Los agresores cesaron de golpear a Mario., lo dejaron en el suelo y se fueron con la mujer. El testigo relató que «todo el tiempo el pequeño lloraba y estaba histérico y la mujer rubia gritaba ‘basta’, sin que los jóvenes le hicieran caso».

¿Que cómo puede una mujer maltratar a un hombre? Mario es un tipo grande y fuerte. Jamás golpearía  a una mujer. «Con solo un golpe le hubiera hecho mucho daño. Yo nunca golpearía  a una mujer», asegura. Y ha tenido oportunidades para incumplir su forma de pensar. Ahora espera no tener que volver a pasar por esa prueba.

Sybarite
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