Cuando salgo de mi casa y voy por la calle en la esquina se encuentra uno con una casa recién pintada, el color de la fachada es blanco y llama la atención sobre el resto de las casas: quien realizo el trabajo da los últimos retoques , un maestro de obra- un albañil cualquiera – se le ve el orgullo de su trabajo, como siempre voy de afán a coger el transmilenio de la estación Santa Lucia, ya subido en el bus en el D20 vuelvo a ver la casa y pienso: cuánto tiempo puede transcurrir en que las paredes pierdan su blancura no por efecto del tiempo sino porque aparezca el primer graffiti en los muros sobre todo en el lateral es una superficie de 3 por 4 o 5 metros, es todo una invitación. Mi pensamiento no ha fallado, al día siguiente aparece una firma son líneas entrelazadas de color negro se ve que fueron realizadas de afán, me pregunto si quien la realizo sabe que a finales de los años sesenta en Nueva York los jóvenes comenzaron a firmar con nombres que los identifiquen para lograr identidad en las calles, si ese es el caso de quien la coloco o si simplemente el pintar sin permiso, que como todas las cosas que se hacen sin permiso se le volvió una provocación inevitable, me voy mirando las paredes las observo y veo una ciudad llena de rayas con una estética que pasa inadvertida, no nos detenemos a mirar lo que significa, igual no lo entenderíamos, el hecho de rayar la pared es un fenómeno espontaneo que se puede interpretar como una agresión para algunos que consideran los muros como el mayor lienzo del mundo.
Haciendo honor al graffiti discurro en algunas consideraciones como ver en la realización de algunas formas reconocidas y repetidas (tags) en diferentes muros el carácter que constituye su realización y veo su esencia como lo es la de la ilegalidad al igual que la carga de creación y destrucción que tiene cada uno de ellos, ilegalidad porque no creo que nadie dueño de las construcciones haya dado su permiso para ostentar en las paredes la firma del hacedor del graffiti, aunque en el recorrido se ve dos o tres intervenciones con sendos dibujos que demandaron tiempo de ejecución y debieron ser producto del consenso con el dueño del predio. Así las cosas el graffiti es ilegal y vandálico mientras el arte es legal, el arte como tal no debe causar molestias en la vida y no debe olvidar la creación artística su finalidad estética y comunicativa pero es aquí donde se cruza el graffiti y retorna apegándose a su reclamado derecho de permitir expresar ideas emociones o una visión del mundo y me pregunto si quien realiza estas firmas o quien hace un graffiti tuvo un momento de reflexión consigo mismo para desarrollar la obra que nos muestra o simplemente es un impulso de quien hace algo porque si, cabría también entonces otras reflexiones ¿cuál es el perfil de quien hace graffiti?, ¿son las rayas en la pared un reflejo social?, ¿es el graffiti de una condición social baja que debe ser atacado rápidamente?, ¿es algo contaminante?, ¿son solo firmas que se repiten buscando reconocimiento y afirmación social?. Son muchos interrogantes y sin embargo no hay desde su nacimiento desde la misma palabra graffiti con su origen italiano y su significado de garabatear no hay una sola raza que lo practique ni es exclusivo de determinada estrato social, en, mi opinión el graffiti debería ser una forma de expresar una opinión personal sobre cualquier tema pero ojala se agregará en ellos inteligencia y la capacidad no solo de querer rayar o garabatear por ensuciar la pared como quien hace una pilatuna sino que importe el diseño y la forma y si estos son importantes se entienda que no son superiores al concepto o la idea de quien la realiza. Cierto es que en Bogotá ya hacer graffiti no solo es de aficionados, que se hace en las paredes menos vistas de la ciudad o muros alejados o abandonados, o solo de manera furtiva como las líneas entrelazadas de color negro que aparecieron al lado de mi casa, hacer graffiti se ha vuelto una profesión y existen gremios que ojala no se politicen y se conviertan en guetos que excluyen, también existen ejemplos como el artista Jean Michel Basquiat un artista callejero que paso de la calle a las galerías un hombre que paso de un arte ilegal y de vagabundo a presentarse en 1980 en los mejores sitiales del arte y mostrar así que el graffiti no es necesariamente un arte marginal, otro ejemplo es el artista Deih que lleva 20 años dedicado al graffiti y quien dijera que el graffiti es como un arco iris a la vuelta de la casa, bueno las rayas de al lado de la mía no lo son. Pienso en el festival anual e internacional de arte urbano que se realiza en Stavanger en la costa oeste de Noruega en Nuarty ,en la espera del festival Hip Hop al parque en Bogotá donde se darán cita grafiteros para tener un encuentro, también se vuelve interesante lo último que se realizó en la calle 26 donde hubo convocatoria y dinero que se empleó en darle otra cara a la ciudad seguir en esta tónica pone en duda todo el dinero que se desperdicia en limpiar las paredes para volverlas a ver igual, intentos para regular prácticas como esta en normas como el acuerdo 482 de 2011 de autoría del partido de la U y el decreto 75 de 2013 que promueve el graffiti como forma de expresión artística pero señala las disposiciones en sitios especiales, me cuestiona si la expresión del grafitero de al lado de mi casa y de la gran mayoría de las paredes que veo en mi recorrido diario saben los artistas callejeros que existen leyes para regular la actividad de su emoción, y si podremos algún día de alguna manera cambiar la mentalidad que se tiene del vivo del atarvan por esa otra que habla de respetar no por la cantidad de castigos que puedan venirse encima sino porque nace como una actitud del deber ser de una vida más fructífera y válida para no contaminar visualmente sino descongestionar nuestras miradas del lienzo más grande que tenemos en la vida. LA CALLE.

Sybarite
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