Portugal es el primer productor mundial de corcho, pero los alcornoques lusitanos empiezan a escasear y piden a gritos una reforestación que frene la desaparición de esta materia prima. Igual sucede en España segundo productor de alcornoque donde cada día es más escaso y más costoso. Con Italia, estos tres países representan el 90% de la producción mundial de corcho.

Por cientos de años el corcho fue la forma de taponar las botellas de vino, pero desde los años setenta, otros elementos como la tapa rosca han ganado parte del mercado de 4 mil millones de dólares anuales que representan el mercado mundial de tapones para botellas de vino. Lo anterior se debe a factores económicos, ambientales y técnicos. En lo económico, el costo del alcornoque es mucho inferior al de la tapa rosca y su producción no se limita a los países mencionados. Cabe anotar que el corcho natural solo se puede extraer por primera vez cuando el árbol tiene aproximadamente 25 años. Este primer corcho es el denominado bornizo, corcho de muy baja calidad y sólo válido para la elaboración de conglomerados. Tras esta primera “saca” se puede sacar corcho cada 9 años. Para el consumidor en los mercados del Norte de Europa y América,  donde las consideraciones ambientales cobran mayor relevancia en el proceso de decisión de compra, y donde a finales de cuenta se establecen las tendencias en consumo de vino que el resto del mundo eventualmente adopta, el “screw cap” o tapa rosca es bien aceptado por los consumidores. En lo técnico, contrario a la percepción generalizada, por muy desmitificador que suene, ese es el único sistema de probada eficacia que mantiene los vinos frescos y prácticamente nunca se producen perdidas ni llegan a estropearse.  No existen estadísticas certeras sobre la cantidad de vino que, en mayor o menor medida quedan arruinados por anomalías atribuibles al corcho. Pero un estudio de la WSA (Wine and Spirits Association) del Reino Unido estableció que en un .6% de las veces, el corcho es el causante de un vino “buchone” o acorchado.

Sin embargo, otros factores inciden sobre que los vinos se estropeen. El más común, es un error de producción en la bodega cuando el vino exhibe niveles elevados de levaduras el cual nos enólogos llaman el “brett”. A su vez, otros factores como el almacenaje y transporte, los cuales cobran particular relevancia en un país neto importador de vino como el nuestro, donde cambios drásticos en temperaturas en el transporte o bodegaje pueden llegar a dañar el vino en elevadas proporciones.  Ahora bien, recordamos al enófilo lector que tan sólo el 4% de la mundial producción de vino fue concebida para ser consumido tras el quinto año de su respectiva vendimia. Por esta razón, si no pago un precio considerable por esa botella que reposa en su cava de añadas anteriores a 2004, existe una muy alta probabilidad que el vino que tanto guardó, ya está en declive, y ello no es necesariamente atribuible al corcho.

Sin duda un corcho es el complemento elegante a una buena botella vino, como lo es un par de tacones a un traje de gala. Pero ojo, de la misma forma que un traje de gala no es barato ni común, una buena botella de vino de precio medio o bajo tal vez le luzca más bien una tapa rosca, pues debemos pagar por el contenido y no “el tapón”  de la botella.  Es prudente vaticinar que vinos con precios por debajo de los 25 mil pesos con tapones de corcho aglomerado van a desaparecer muy pronto de las estanterías pues vale más el collar que el perro.  Esperemos entonces que la sensatez no tarde mucho más aún por triunfar.

Vino recomendado:

El Verdejo de Rueda (existen pocas opciones en el mercado nacional, es una cepa cara pero excepcional por lo que vale la pena hacerse a un par de copas).

Sybarite
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